El Vuelo es la primera película de Robert Zemeckis en 13 años
cuyo sustento no son sofisticados
efectos especiales, sino personajes de carne y hueso. Ya era hora. Tras tres películas de animación bastante
fallidas, echaba de menos al Zemeckis de los noventa, el Zemeckis de Forrest
Gump, Contact o Naúfrago. Y con Flight, no solo recuerda que aún tiene mucho
que decir, sino que muestra si faceta más dramática hasta la fecha.
El Vuelo no es una película de aviones. La trepidante
secuencia del accidente aéreo es en realidad un muy original punto de partida
para una historia de alcoholismo por parte de un piloto cuya heroica
intervención en la catástrofe podría conllevarle a su condena. Desde la primera
escena conocemos al personaje de Washington: un hombre alcohólico y cocainómano
incapaz de controlarse incluso durante servicio. Pero los inesperados
acontecimientos hacen que la verdad salga a la luz, y tendrá que enfrentarse no
sólo a los cargos judiciales que su caso le puede acarrear, sino a su propia
adicción.
La película parte de un punto de partida muy original para
convertirse en una típica historia sobre alcohol y drogas, pero que
destaca por el espectacular trabajo de Denzel Washington, que retrata de forma magistral
los complicados estados psicológicos de un adicto. Su relación con Kelly Reilly
también es interesante, aunque quizás tiene demasiado protagonismo, causando
que en momentos anteriores al accidente no sepamos bien en quién centrar la atención,
si en ella o en Washington.
El desenlace ha causado descontento entre algunos críticos,
por su carácter políticamente correcto que resta credibilidad a la historia.
Personalmente, me pareció el adecuado, cerrando de manera satisfactoria y
conmovedora una historia muy interesante y cercana, con una magnífica
interpretación y un par de escenas muy por encima de la media (el accidente
aéreo y la conversación en las escaleras del hospital).
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