sábado, 16 de febrero de 2013

Crítica de Flight (El Vuelo)


El Vuelo es la primera película de Robert Zemeckis en 13 años cuyo sustento no son  sofisticados efectos especiales, sino personajes de carne y hueso. Ya era hora.  Tras tres películas de animación bastante fallidas, echaba de menos al Zemeckis de los noventa, el Zemeckis de Forrest Gump, Contact o Naúfrago. Y con Flight, no solo recuerda que aún tiene mucho que decir, sino que muestra si faceta más dramática hasta la fecha.





El Vuelo no es una película de aviones. La trepidante secuencia del accidente aéreo es en realidad un muy original punto de partida para una historia de alcoholismo por parte de un piloto cuya heroica intervención en la catástrofe podría conllevarle a su condena. Desde la primera escena conocemos al personaje de Washington: un hombre alcohólico y cocainómano incapaz de controlarse incluso durante servicio. Pero los inesperados acontecimientos hacen que la verdad salga a la luz, y tendrá que enfrentarse no sólo a los cargos judiciales que su caso le puede acarrear, sino a su propia adicción.




La película parte de un punto de partida muy original para convertirse en una típica historia sobre alcohol y drogas, pero que destaca por el espectacular trabajo de Denzel Washington, que retrata de forma magistral los complicados estados psicológicos de un adicto. Su relación con Kelly Reilly también es interesante, aunque quizás tiene demasiado protagonismo, causando que en momentos anteriores al accidente no sepamos bien en quién centrar la atención, si en ella o en Washington.




El desenlace ha causado descontento entre algunos críticos, por su carácter políticamente correcto que resta credibilidad a la historia. Personalmente, me pareció el adecuado, cerrando de manera satisfactoria y conmovedora una historia muy interesante y cercana, con una magnífica interpretación y un par de escenas muy por encima de la media (el accidente aéreo y la conversación en las escaleras del hospital).

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